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Murió a los 104 años el Dr. Raúl Santucho, un pilar de la justicia y la decencia en Santiago del Estero  

La provincia despide con profundas muestras de dolor a un prestigioso jurista, cuya extensa trayectoria en los tribunales y su inquebrantable rectitud moral marcaron a fuego la historia institucional y democrática de la región.

La comunidad de Santiago del Estero se encuentra conmovida tras confirmarse el fallecimiento del respetado doctor Raúl Santucho, quien dejó de existir a la edad de 104 años. Su partida física representa el cierre de un capítulo fundamental para la historia del derecho y la judicatura local, donde su nombre siempre fue un sinónimo directo de honestidad, templanza y sabiduría. Desde las primeras horas en que se conoció la noticia de su deceso, diversas instituciones del ámbito civil, académico y judicial manifestaron sus condolencias a su familia, coincidiendo unánimemente en que se ha ido un hombre intachable y un faro moral para las futuras generaciones de abogados de la provincia.

A lo largo de su prolongada existencia, el doctor Raúl Santucho construyó una brillante carrera en el Poder Judicial que lo llevó a ocupar los cargos más altos con una dignidad ejemplar. Se desempeñó con maestría como juez en lo civil y comercial, y más tarde como integrante de la Cámara de Apelaciones, espacios donde dictó fallos memorables guiados estrictamente por el imperio de la ley y el respeto al ciudadano. Su momento de mayor responsabilidad institucional llegó en el año 2004, cuando el gobierno nacional dispuso la intervención federal de Santiago del Estero; en ese contexto de profunda crisis política, Santucho fue convocado por su intachable reputación para integrar el Superior Tribunal de Justicia de la provincia, cumpliendo con la misión de devolver la institucionalidad y la transparencia a los tribunales santiagueños.

Su compromiso con la República y la democracia no se limitó únicamente a los despachos judiciales, sino que trascendió al plano constitucional de la Nación. Raúl Santucho tuvo el enorme honor y la responsabilidad cívica de ser elegido como convencional constituyente nacional, un rol desde el cual aportó su aguda visión jurídica y su espíritu dialoguista a las grandes discusiones institucionales del país. Los colegas de aquella gesta legislativa y los estudiosos del derecho constitucional siempre destacaron su lucidez para edificar consensos y su firme convicción de que las leyes debían estar siempre al servicio de la justicia social y el bienestar común de los habitantes de su amada patria chica.

Más allá de sus innumerables logros profesionales y sus títulos académicos, el doctor Santucho portaba un apellido entrañablemente ligado a los acontecimientos políticos y sociales más complejos de la historia argentina del siglo veinte. Como miembro de una familia que sufrió en carne propia los dolores y las profundas tragedias de la violencia de los años setenta, él supo transitar aquellos tiempos oscuros y las décadas posteriores con una nobleza, una entereza y una prudencia admirables. Lejos de alimentar los rencores, prefirió centrar sus esfuerzos en la reconstrucción institucional y el fortalecimiento de las leyes, ganándose por ello el absoluto respeto y el reconocimiento público de entidades de derechos humanos como el Instituto Espacio para la Memoria.

La longevidad del doctor Santucho, quien superó con lucidez la barrera del siglo de vida, le permitió ser testigo presencial de la transformación total de su provincia y de la evolución del derecho contemporáneo. Hasta sus últimos días, se mantuvo como una figura de consulta respetada por jóvenes letrados y magistrados experimentados, quienes veían en él la encarnación viva de la ética profesional y la vocación de servicio. Santiago del Estero despide hoy no solo a un jurista brillante y a un eximio hombre de leyes, sino sobre todo a un ciudadano ejemplar que demostró que es posible ejercer el poder público con absoluta transparencia, nobleza de espíritu y las manos limpias.

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Análisis jurídico: cómo funciona la destitución de jueces y fiscales en Argentina y por qué el caso Dalmasso puede marcar un precedente

La destitución de los fiscales que investigaron el crimen de Nora Dalmasso volvió a poner en discusión un mecanismo poco frecuente, pero de enorme peso institucional: el jury de enjuiciamiento, el procedimiento utilizado para remover jueces y fiscales cuando se considera que incurrieron en conductas incompatibles con sus funciones.

A diferencia de un proceso penal común, el jury no busca determinar si el funcionario cometió un delito, sino evaluar si existió “mal desempeño”, negligencia grave, abuso funcional o incapacidad para ejercer el cargo. En otras palabras, analiza la conducta institucional del magistrado o fiscal y no necesariamente su responsabilidad criminal.

Qué significa “mal desempeño”

En la práctica, el concepto de mal desempeño es amplio y suele incluir situaciones como:

  • investigaciones deficientes,
  • pérdida o desatención de pruebas,
  • demoras injustificadas,
  • parcialidad,
  • abuso de autoridad,
  • o conductas que afecten la confianza pública en la Justicia.

En el caso Dalmasso, el jury entendió que existieron errores graves y omisiones relevantes durante años de investigación. La acusación sostuvo incluso que algunos sospechosos estuvieron identificados desde etapas tempranas y que determinadas líneas no fueron profundizadas adecuadamente.

Cómo es el procedimiento de destitución

El mecanismo varía según cada provincia y según se trate de jueces nacionales, provinciales o fiscales. Sin embargo, el esquema general suele repetirse:

  1. se presenta una denuncia o acusación;
  2. se evalúa si hay elementos suficientes;
  3. se conforma un tribunal especial o jurado;
  4. se realizan audiencias y producción de pruebas;
  5. finalmente se decide si corresponde o no la remoción.

En muchos casos participan representantes del Poder Judicial, abogados de la matrícula y miembros del Poder Legislativo, buscando evitar que la decisión quede exclusivamente dentro de un solo poder del Estado.

¿La destitución implica delito?

No necesariamente. Un juez o fiscal puede ser removido por negligencia o mal desempeño aunque no exista condena penal.

Sin embargo, en algunos casos, las investigaciones disciplinarias terminan derivando también en expedientes penales si aparecen sospechas de delitos como encubrimiento, abuso de autoridad o incumplimiento de deberes.

Argentina tiene antecedentes importantes en esta materia. El caso AMIA, por ejemplo, derivó en cuestionamientos, juicios y condenas contra funcionarios judiciales y responsables de la investigación original del atentado.

El impacto institucional

Los procesos de destitución generan siempre una fuerte discusión dentro del sistema judicial. Por un lado, aparecen como herramientas de control necesarias frente a investigaciones deficientes o arbitrarias. Pero al mismo tiempo, sectores judiciales suelen advertir sobre el riesgo de convertirlos en instrumentos de presión política o mediática.

Por eso, los jurys suelen tener una vara alta: no alcanza con que una causa termine mal o sin condenas. Debe acreditarse una conducta considerada incompatible con el cargo.

Por qué el caso Dalmasso puede transformarse en un precedente

La destitución de tres fiscales en una misma causa es un hecho extraordinario dentro del sistema judicial argentino. Más aún en un expediente con semejante exposición pública y casi veinte años de historia.

El fallo del jury deja además una señal fuerte hacia el funcionamiento de las investigaciones complejas y el estándar de responsabilidad que se espera de fiscales y magistrados en causas de alto impacto social.

En términos institucionales, el caso probablemente quede como uno de los antecedentes más importantes sobre responsabilidad funcional de fiscales en investigaciones criminales de la Argentina reciente.

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